domingo, 26 de abril de 2009

EL SABER - GNOSEOLOGÍA

TEMA 1
Gnoseología: la verdad
ESTÁNDAR DEL TEMA:
Comprender cómo se pueden abordar filosóficamente preguntas relativas al concepto de conocimiento mediante los distintos modos de pensar el problema de la verdad.
En esta unidad te encontrarás una reflexión acerca de cómo se puede clasificar y ordenar nuestro conocimiento, así como la razón por la cual la sabiduría fue el ideal de conocimiento que se buscaba en la idea antigua de filosofía. También, a propósito del saber, encontrarás las teorías más conocidas que giran en torno a la pregunta por la verdad, así como los problemas que implican tales explicaciones de la verdad. Por último, veremos que la verdad puede indagarse en espacios diferentes a aquellos en los que habitualmente se la ha buscado con la ciencia y la razón.





Formas del saber





El filósofo Aristóteles nos ha legado una clasificación de los saberes que refleja la forma de pensar sobre el saber en la Grecia antigua. Como veremos, algunas de estas distincio­nes entre los modos de conocer aún conservan vigencia.
El saber cotidiano
Si observamos lo que hacemos a lo largo del día podemos ver cuánto hemos aprendido desde pequeños, como aquellas cosas que quedaron registradas desde entonces y que ahora nos parecen "normales". No hay nada que nos debamos cuestionar antes de ejecutarlas porque las hacemos todos los días, y parecen estar bien hechas. Aún ahora aprendemos cosas nuevas que pronto convertimos en un hábito automático. Por ejemplo, cuando encende­mos el televisor no es necesario revisar el manual de ins­trucciones antes de hacerlo. Pero no sólo sabemos hacer cosas, también sabemos sobre muchos temas que no implican acción alguna: sabemos si hace frío o calor, que somos estudiantes, o que nos gusta alguien. Todo eso que conocemos lo consideramos como verdadero y seguro. Esto es un saber cotidiano.


El saber productivo





Hay saberes que se dirigen a la producción de una obra específica. Por ejemplo, el conocimiento de un chef de cocina cuya obra puede ser un delicioso postre. Este tipo de saberes tienen también su origen en la experiencia, pero implican un grado mayor de complejidad en la observación y elaboración respecto de lo que sabemos de ella.
En ese ámbito productivo hay quienes conocen su oficio por experiencia y hay otros que estudian los principios generales que llevan a la producción. Por ejemplo, sabe­mos que, en algunos casos, un curandero puede tener éxito en hacer que una persona sane. Es alguien que puede, eventualmente, producir una obra, en este caso, la salud.





El saber con conocimiento





Sin embargo, el hecho de poder hacer las cosas no signi­fica saber hacerlas cosas. Pues saber hacer las cosas impli­ca ser consciente de las causas que llevan a que una cosa sea como es y no de otra manera. El curandero puede decir que la miel con naranja puede curar la tos porque ha visto que a muchos les ha funcionado. Sin embargo, no sabe por qué funciona. El médico, en cambio, tiene conocimiento de los órganos, de cómo cada uno reac­ciona a diferentes sustancias y mezclas.
La diferencia entre el saber cotidiano y el saber producti­vo no radica solamente en la producción, ni en el produc­to en sí, sino en el saber producir, que no es una simple habilidad sino un proceder con conocimiento de causa. Conocer las razones por las cuales las cosas son como son hace posible tener un saber más universal.
Aunque, en la medida en que se trata de conocimientos basados en la observación y en la experimentación, el médico no nos puede dar garantías absolutas, pero puede dar razones mejor ponderadas que las del curan­dero. Adicionalmente, en la medida en que se trabaja con principios que la experiencia va poniendo a prue­ba, el saber productivo se puede enseñar y perfeccionar.
A este tipo de saber con conocimiento de causa le llama­ron tecné, palabra que si bien en nuestros días ha adqui­rido connotaciones diferentes, aún en algunos contextos mantiene su sentido original.









El saber vivir





Este saber tiene que ver con las actitudes de la vida pro­pia del hombre: la prudencia. Esta persona parece que hace las cosas bien en general; es alguien que sabe estar bien en su vida. La prudencia alude al obrar mismo del hombre, no es un conocimiento dirigido a producir una obra particular o a conseguir un fin. La prudencia impli­ca tener buen juicio, una justa medida para las cosas, y obrar oportunamente. Esto es algo que todos los hom­bres buscamos, y con lo cual casi siempre estamos insa­tisfechos, ya que nuestra naturaleza parece ser impredecible y difícil de comprender.
Esta incertidumbre puede llevarnos a creer que un saber de tal tipo no es posible. He aquí entonces una dificul­tad filosófica, pues, por un lado, ningún saber parece más necesario que este, pero, por el otro lado, ¿de qué modo es posible establecer un criterio con el cual decidir acerca de lo apropiado y oportuno de nuestros actos? A la rama de la filosofía que se ocupa de esta la llamamos filosofía práctica.





El saber teórico





La palabra theorein también era entendida por Ios griegos como levantarse del suelo y contemplar desde lo alto. Ver desde arriba permite tener una visión completa de las cosas y de sus relaciones entre sí, tal como sucede al contemplar los elementos de un paisaje desde la cima de una montaña.
Hacer una teoría es "elevarse" desde lo diverso de la experiencia particular hasta lograr una unidad abstracta. El teórico es un saber que se fundamenta en la visión inteligible o racional de la realidad.

La prudencia implica tener buen juicio, una justa medida para las cosas, y obrar oportunamente. Esto es algo que todos los hombres buscamos, y con lo cual casi siempre estamos insatisfechos.










Hay muchas maneras de interpretar el saber vivir. Por ejemplo, estos monjes consagran su vida entera a inverstigarlo.






De manera semejante, es como cuando estamos en una región que no conocemos. No podemos saber en dónde estamos, ni cómo desplazarnos. Pero cuando tenemos un mapa del lugar, no sólo vemos dónde estamos, sino la posición que ocupan los otros lugares con relación al nuestro.
El mapa es una representación conceptual, teórica, del territorio en donde nos hallamos. Esta visión teórica consiste en obtener una aprehensión general de la experiencia por medio de conceptos. En síntesis, un concepto es la abstracción de un conjunto de objetos definidos por unas características comunes. Por ejemplo el concepto de animal es la abstracción que nos permi­te determinar un grupo de seres de acuerdo con unas propiedades que los distinguen de los demás objetos: los no animales. Y aunque entre los animales haya diferencias importantes, reconocemos que todos se mueven por sí mismos reproducen, etc., y, en virtud de ello, recono­cemos que pertenecen a un mismo conjunto.





Paisaje de las monatañas de Silesia




LA SABIDURÍA COMO META DE LA FILOSOFÍA
Aristóteles decía que la sabiduría es la unión de la razón intuitiva con el conocimiento riguroso de las primeras causas y principios. Es decir el sabio es un hombre que reúne en sí mismo el saber teórico, y el saber vivir, de manera prudente y reflexiva. Es un hombre que no solo sabe qué es la bondad, sino que también la practica. La historia de la filosofía entre los griegos osciló entre perseguir un sentido altamente teórico, en el caso de Platón y Aristóteles, y otro predominantemente práctico, que se manifestó en una actitud de moderación y de prudencia, como lo planteaban las escuelas Helenísticas. Pero con esto, todos persiguieron el ideal del sabio
Alcanzar ese ideal, desde entonces y aún hoy, significa recorrer un arduo camino, ya que los seres humanos somos muy obstinados cuando se trata de aceptar cosas que nos causan dolor o que simplemente no nos gustan. Buscar la verdad no sólo trae satisfacción, a veces trae desagrado, sobre todo cuando es algo que nos imaginábamos de otra manera. Entonces, aquellos que eligieron buscar la verdad a pesar de lo que esto implicaba, se convirtieron en filósofos. Perseguir aquello que llamamos sabiduría se convirtió no sólo en su oficio, sino en un ideal de vida.





DOCUMENTO


De la Utilidad de la filosofía


Yo sé, Lucilio, que esto está claro para ti.- que nadie puede vivir felizmente, ni siquiera de manera soportable, sin el estudio de la sabiduría y que la vida feliz es el resultado de una sabidu­ría consumada; por lo demás, la vida se hace soportable al ini­ciarse en la sabiduría. Pero esto, que está claro para ti, debe robustecerse y enraizarse con una meditación diaria. Hay más esfuerzo en mantener una resolución plausible que en proponértela. Se debe perseverar y aumentar tu fortaleza con un trabajo asiduo, hasta que tu espíritu esté en buenas con­diciones porque tu voluntad es buena. La filosofía no es un arte para deslumbrar al vulgo ni un aparato para la ostenta­ción, no reside en las palabras, sino en los hechos. Y no se trata de pasar un día con algún deleite, de quitar el hastío al ocio; forma y desarrolla el alma, reglamenta la vida, dirige las acciones; demuestra lo que debe hacerse y no hacerse; se sien­ta al timón y dirige el curso de los que están a merced de las olas por entre los escollos: sin esta, nadie está seguro; cada hora suceden innumerables cosas que exigen una resolución que debe pedirse a ella.



Séneca, Cartas a Lucilio





ACTIVIDAD POR COMPETENCIAS





COMPETENCIAS INTERPRETATIVA Y ARGUMENTATIVA





Esta actividad pretende darme elementos para analizar el carácter práctico de la filosofía. También me servirá para conocer doctrinas que dedican su pensamiento a valorar la sabiduría.
1. Leo el texto de Séneca de la página 63.
2. Realizo un escrito sobre la manera como entiendo el carácter práctico que este filósofo le atribuye a la filo­sofía.
3. Para complementar mi reflexión investigo sobre la vida y doctrina de otros filósofos estoicos y epicúreos.





COMPETENCIA INTERPRETATIVA





Con este ejercicio aprenderé a utilizar de manera adecuada los términos de un texto.
5. Completo en mi portafolio el siguiente párrafo con las palabras del recuadro.
agradan descubre conocimientos
sentidos placer deseo vista intención proponemos utilidad

“Todos los hombre tienen naturalmente el _________________________ de saber. El __________________ que nos causan las percepciones de nuestros ____________________son una prueba de esta verdad. Nos _____________________ por sí mismas, independientemente de su______________________ sobre todo las de la vista. En efecto, no solo cuando tenemos________________________ de obrar, sino hasta cuando ningún objeto práctico nos ______________________ preferimos, no decirlo así, el conocimiento visible a todos los demás ______________________ que nos dan los demás________________________. Y la razón es que la _______________________ mejor que los otros sentidos, nos da a conocer los objetos, y nos _______________________ entre ellos gran número de diferencias”.








Galileo Galilei 1564- 1642
Si nos basamos en la teoría clásica de la verdad como correspondencia o adecuación entre el intelecto y la realidad, ¿cómo crees que hubiéramos juzgado las teorías heliocéntricas de Copérnico y Galileo si estableciéramos la realidad a partir del criterio exclusivo de lo que vemos?





LAS TEORIAS DE LA VERDAD





La verdad como correspondencia o adecuación
Este planteamiento tiene su origen en Aristóteles, para quien la verdad se da cuando hay una correspondencia entre un objeto y lo que el sujeto dice de él. El sujeto tiene una representación del objeto que tiene en frente de él, piensa algo sobre ese objeto. La verdad se dará cuando coincida la representación con lo que es ese obje­to en realidad. Santo Tomás, filósofo del siglo XIII, expre­sa esta misma idea con la siguiente frase: "Verdad es la adecuación entre el entendimiento y la cosa".
Por su parte, Ludwig Wittgenstein, filósofo del siglo XX, dice que la verdad es la correspondencia o adecuación entre los hechos y las proposiciones, ya que la proposi­ción es una estructura lingüística formal que expresa la rea­lidad. Recordemos que una proposición es una frase que tiene sentido y que puede ser verdadera o falsa. Sin embargo este planteamiento presenta algunos problemas, como verás a continuación

Problemas de la verdad como correspondencia. Si admitiéramos la teoría de Wittgenstein, surgirían muchos problemas al parecer sin solución, o al menos una no sencilla; ¿qué significa en este contexto adecuación, ajuste o correspondencia? ¿En qué grado se debe dar esta corres­pondencia para garantizar la verdad? Pero, por otro lado, al hablar de correspondencia debemos estar en condiciones de poder comparar nuestra idea del objeto con el objeto como tal. Sin embargo, "¿cómo saber cómo es el objeto en realidad? ¿Es posible que nosotros seamos algo distintos de nuestro lenguaje y de esa relación sujeto-objeto, en la cual estamos siempre del lado del sujeto, para comprobar cómo es ese objeto independientemente de la representación que tenemos de él?
Estas otras objeciones han propiciado la necesidad de pensar alternativas a la teoría de la verdad como correspondencia.
· La verdad como unificación de criterios. Si el criterio para establecer la verdad dependiese de conocer cómo es un objeto respecto de la realidad, siempre habría razones para dudar de esa verdad. Sin embargo, sabemos que, afirmar que algo es verdadero es lo mismo que decir que creemos que es verdadero.






El triunfo de la muerte, obra de Pieter Brueghel el Viejo (1562). Para muchos, lo único realmente verdadero es la muerte





Podríamos entonces decir que es verdad todo lo que creemos? No. No somos infalibles y sabemos que cree­mos cosas falsas y que hay cosas verdaderas que no sabemos. Sin embargo, cuando a nuestras creencias las hemos confrontado con criterios que para nosotros son confiables (como un experimento científico, una opinión de otra persona que consideramos autoriza­da, etc.), normalmente estamos dispuestos a llamarlas creencias verdaderas.
Por tal razón algunos filósofos han considerado que podemos distinguir una afirmación verdadera como una afirmación que satisface criterios que nosotros consideramos finales e irrevocables; por tanto, cuan­do juzgamos algo como verdadero no estamos dicien­do que es real, sino que satisface nuestros criterios para llamarlo así.
· La verdad como coherencia. Esta teoría de la verdad fue planteada por Hegel, quien dice que un conoci­miento nuevo es verdadero en la medida en que pueda ser insertado en el conjunto del conocimiento previo, es decir, en el sistema de conocimiento adqui­rido hasta entonces. Es decir, que para nosotros es posible aceptar algo como verdadero si podemos ubi­carlo dentro de las cosas que ya tenemos por verda­deras.
Este concepto de verdad se convierte en un criterio contextual, ya que nada es verdadero o falso por sí mismo, sólo adquiere valor y sentido de verdad cuan­do es posible agregarlo en nuestro contexto de cosas ya tenidas por ciertas. Cuando armoniza con el resto del sistema. Es el todo lo que es verdadero.
A primera vista esta teoría no provoca nuestra inme­diata adhesión, sin embargo, ¿crees que estarías dis­puesto a creer en un hecho físico que contradijera todo el sistema de conocimiento científico tal como lo conocemos

Ludwig Wittgenstein, dice que la verdades la correspondencia o adecuaciónentre los hechos y las proposiciones,ya que la proposición es una estructuralingüística formal que expresala realidad.
Teoría pragmatista de la verdad
Podemos pensar en la verdad como aquello que nos convie­ne creer en orden a obtener un fin determinado. En tal caso consideramos a la verdad no como algo fijo, sino como unas creencias que se van modificando de acuerdo con nuestras necesidades. Requerimos verdades para resolver problemas vitales y entonces el criterio de la verdad es la adecuación, pero no con la realidad, sino con la finalidad que nos pro­ponemos en un caso determinado. Como esta teoría de la verdad privilegia la adecuación para realizar una acción sobre otros criterios, se dice que esta teoría privilegia a la práctica, y por eso la teoría se llama pragmatista.
El coloso, obra de Francisco de Goya. El arte tiene la propiedad de reflejar aspectos de la realidad que son esenciales, pero que pasan desapercibidos; como, por ejemplo, la extraña soledad de este gigante sentado a la orilla del mundo.



El Coloso, obra de Francisco de Goya, El arte tiene la propiedad de reflejar aspectos de la realidad que son esenciales, pero que pasan desapercibidos; como, por ejemplo, la estraña soledad de este gigante sentado a la orilla del mundo.


La verdad como consenso
Esta teoría plantea una necesidad de diálogo para descubrir cooperativamente la verdad de las proposiciones. Esta investigación está posibilitada por las siguientes condiciones: no hacer trampas, no estar mediado por una presión externa a llegar a algo específico y la ausencia de condiciones. El propósito de la interlocución debe ser buscar la verdad. Los argumentos son piezas sumamente importantes que, por supuesto, son el producto de comprobaciones que vienen del criterio de verdad por correspondencia, o por el de coherencia, o utilidad. Así que esta teoría no es realmente un criterio, ya que existe la posibilidad de una equivocación de los interlocutores, o falta de información que no permita llegar más hondo en la búsqueda de esa verificación. La idea es generar un consenso en una comunidad suficientemente competente que logre establecer unas verdades.





La verdad más allá de la ciencia





Se suele citar de Antoine de Saint-Exupery la frase “Io esencial es invisible a los ojos". ¿Qué significa esta frase?' Se refiere a que hay algo que está en las cosas, que es lo más propio de cada cosa, que las hace ser lo que son y no otra, que no es descriptible con palabras, que parece inasible pero que es posible asir desde posibilidades del lenguaje diferentes a las habituales de la ciencia y la razón. Los mitos, la religión, la imaginación, las artes, son esos otros lenguajes que expresan, igual que la ciencia, una verdad comprendida por el hombre. Por ejemplo, cuando usamos la expresión "...ahí está pintado Fulanito", nos referimos a que ha sido reflejado lo más característico de alguien. Si nos preguntasen qué es eso tan esencial, sin lo cual ese Fulanito no podría ser, no podríamos responder. Estaríamos en graves aprietos pero si fuéramos pintores podríamos hacer un retrato en el que este Fulanito se ve exactamente como es él, aunque el dibujo de ninguna manera "se pareciera" físicamente al modelo. Es a partir de estas evanescentes formas de la verdad que algunos filósofos se han opuesto a considerar la verdad exclusivamente como se la entiende en la ciencia y a pensar en la verdad como un acontecimiento en el cual se desoculta la esencia de lo real, tal como sucede en los mitos, la poesía y el arte.
Podemos pensar en la verdad como aquello que nos conviene creer en orden a obtener un fin determinado




DOCUMENTO
Diálogo entre Sócrates y Protágoras

Sócrates: Protágoras afirma que la medida de todas las cosas es el hombre: de aquellas que son, por lo que son, y de aquellas que no son, por lo que no son, entendiendo por medida la norma del juicio y por cosas los hechos en general, así es que el sentido es este: que el hombre es la norma que juzga todos los hechos. Los que son por lo que son, los que no son por lo que no son. Y por esto admite sólo lo que parece a los individuos particulares, y en el modo introduce el principio de relatividad. Según él, por lo tanto, quien juzga las cosas es el hombre. En efecto, todo lo que aparece a los hombres también es; y lo que no aparece a ningún hombre tampoco es...





Protágoras: Yo afirmo, si, que la verdad es propiamente como he escrito: que cada uno es medida de las cosas que son y de las que no son; pero hay una diferencia infinita entre hombre y hombre, y justamente es por ello, que las cosas aparecen y son para uno en un modo y para otro en otro. Y estoy así lejos de negar que no haya sabiduría y hom­bres sabios; antes bien, llamo sabio a quien trasmutan­do aquello por lo que ciertas cosas parecen malas y lo son, consigue hacer que esas mismas cosas parezcan buenas y lo sean. Y tú no combatas mi razonamiento reteniéndote en las palabras, sino, trata mejor de entender lo que quiero decir, con cada vez más claridad.




Platón, Diálogos -Teeteto­





ACTIVIDADES POR COMPETENCIAS





COMPETENCIA INTERPRETATIVA




TRABAJO INDIVIDUAL





Con este ejercicio desarrollo mi habilidad para reconocer los argumentos de un texto.





1. Escribo cuáles son los argumentos que emplea Sócrates para refutar la tesis de Protágoras: "El hombre es la medida de todas las cosas".




TRABAJO GRUPAL





COMPETENCIA ARGUMENTATIVA
Este ejercicio me ayudará a pensar en el problema de la relati­vidad del conocimiento.





2. Realizo un debate en clase y discutimos las posibles con­secuencias que tiene la sentencia de Protágoras. Re­flexiono, por ejemplo, sobre la siguiente pregunta "Si todo es relativo, ¿puede haber verdadero conoci­miento?"
Recuerda que debes argumentar todas las ideas que expongas.





COMPETENCIA PROPOSITIVA





La lectura de esta historia me ofrecerá una manera diferente de pensar








3. Leo esta historia:
Un hombre recibe la visita de su vecino, que viene enfada­do por una discusión con otra vecina. El vecino le cuenta la historia y el hombre le dice: "tiene usted toda la razón".
Más tarde, la vecina llega igual de enfadada a contarle al hombre lo que le pasó con el vecino, y después de narrar los hechos, el hombre le responde: "tiene usted toda la razón ".
Cuando la vecina se fue, apareció la esposa del hombre, indignada por su actitud y le dijo: "¿cómo se te ocurre haberles dicho lo mismo a ambos?".
El hombre se queda pensando y le dice: "tienes toda la razón”.
• La posición que asume este hombre frente a la vida cotidiana y frente a los otros, ¿te parece indiferente, práctica o sabia?
Pienso y defiendo mi posición.









TALLER
DE PENSAMIENTO

En esta actividad realizaré un pequeño trabajo de investigación en el que me enfrentaré a la necesidad de interpretar la información que encuentro en la realidad. Por último, veré cómo en este ejercicio se hace manifiesto el conjunto de problemas que he trabajado a lo largo de esta unidad.

CONTEXTOS DE LA VERDAD





1. Preparación de la actividad.
Es necesario dividir el salón en, por lo menos, cua­tro grupos. Cada grupo entrevistará a un conjunto de personas de una edad determinada. Cada grupo deberá escoger un perfil de edades diferente: los pri­meros, niños; los segundos, adolescentes; los terce­ros, personas adultas; y los siguientes, personas de la tercera edad.
El cuestionario para todas las entrevistas ha de ser común.
La idea es indagar cómo se altera la visión de la rea­lidad con el paso del tiempo. Para diseñar el cuestio­nario debes tener en cuenta los factores que pueden ser más decisivos para revelar el modo de pensar de los entrevistados. Por ejemplo, las opiniones sobre la moral, la política, la religión, la belleza, el sexo, aquello que más admiran y que más desprecian. Deben formular preguntas que propicien el entu­siasmo del entrevistado y que le provoquen una reacción emocional de interés por el tema, pero deben también ser muy respetuosos de no ofender a nadie. Un aspecto muy importante del ejer­cicio es evitar conducir a los entrevis­tados a donde uno quiere llegar.
El número de personas por entrevis­tar depende de la decisión del grupo. En principio se puede esperar que estos sean de aproximadamente cinco personas para que haya la sufi­ciente variedad, pero se evite una excesiva dispersión.
Para registrar las respuestas es reco­mendable el uso de una grabadora. De otro modo, tomar notas puede ser suficiente





2. Interpretación de las entrevistas.
Es recomendable que haya clara conciencia de los aspectos específicos que se indagaron con el fin de poder distinguir diferencias y similitudes tanto de un personaje a otro, como de un grupo de personajes a otro, y así poder cruzar la información para extraer conclusiones interesantes. Por ejemplo, si se quiere contrastar la visión de la realidad de adultos frente a viejos, un aspecto que claramente puede señalarlo es la la opinión que estos grupos tienen sobre la religión. Por eso mismo es necesario tener claro de ante mano en qué puntos todos preguntarán por el mismo aspecto.
3. Explicación de las diferencias y de los acuerdos. En esta parte se trata de aclarar la razón por la cual la experiencia produce, o no, alteraciones en la comprensión de la realidad. Esto es la razón por la cual algunas verdades parecen alterarse con el tiempo y otras, en cambio, parecen conservarse.


La visión de la realidad cambia con el paso del tiempo

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